Ridley Scott es una firma con peso propio en la industria cinematográfica global, sostenida en títulos tan dispares en sus argumentos como “Los duelistas” (su debut en 1977); “Thelma y Louise”; “Alien” (y dos de sus secuelas); las dos “Gladiador”; “Robin Hood”; “Éxodo: dioses y reyes”; “Napoleón”; “Blade Runner” y “La caída del Halcón Negro”. Ese recorrido de películas taquilleras deriva en “La guerra de los últimos”, que llega hoy a las salas tucumanas como el estreno más atractivo.
El inicio se presenta como inquietantemente realista, y remite al pasado reciente con la irrupción mundial del covid, aunque llevado al extremo. Un virus agresivo y mortal casi extermina a la humanidad; entre los pocos sobrevivientes figuran Hig, un aviador civil, y Bangley, un duro veterano de los Marines especializado en supervivencia. En su cotidiano, ellos se enfrentan a los peligros latentes en un violento entorno distópico posapocalíptico y donde los recursos son escasos en el aislado refugio que comparten en un aeropuerto abandonado en Colorado.
Terror posapocalíptico en la cuarta entrega de la saga “Exterminio”Frente a un futuro desolador, los mueve la esperanza de construir una vida mejor en un nuevo destino a partir de una misteriosa transmisión de radio de un grupo variopinto de personas con intereses comunes y distintos al mismo tiempo. Pero el viaje desde su refugio hasta el territorio desconocido estará atravesado por los peligros, los ataques, las persecuciones y las peleas con los carroñeros errantes llamados Los Segadores. Los protagonistas llevan consigo sus propias pérdidas materiales y emocionales y se guían por su instinto sostenido por la conexión humana que construyen, sabiendo que cada uno depende íntimamente del otro.
La película está protagonizada por Jacob Elordi, Josh Brolin, Margaret Qualley, Guy Pearce, Allison Janney y Benedict Wong, en un elenco coral destacado que encabeza el actor del momento. La producción de acción y ciencia ficción tiene guión de Mark L. Smith sobre la elogiada novela “La constelación del perro” de Peter Heller, lanzada en 2012 (casi una década antes de que llegue la pandemia).
“En el fin del mundo, nadie sobrevive solo” es la frase de promoción, y que en algunos evocará a la serie argentina “El Eternauta”, en otro contexto. “Siempre estoy buscando algo que no haya hecho antes, hasta el cansancio. Estoy dispuesto a hacer lo que sea para evitar un cliché. Ese es mi mantra en todo lo que hago”, dijo el director en un comunicado de prensa. A su vez, el productor Michael Pruss elogió el libreto: “plasma a la perfección el espíritu de lo que Heller buscaba transmitir en el libro y de lo que planteaba, desde un punto de vista filosófico, sobre la sociedad y el mundo; demás, le imprimió su propio lenguaje visual y su propio vocabulario”.
Los mejores videojuegos de zombies, según la Inteligencia ArtificialEn base a esas declaraciones, la vara está alta. La justificación de cambiar de destino cuando donde están tienen todo lo necesario para seguir debe sostenerse en una necesidad gregaria de reconstruir el mundo, más que en los intereses individuales. Los riesgos que afrontan no pasan por ejércitos de zombies infectados sino por una búsqueda humana de hasta dónde puede llegar alguien por seguir vivo. La violencia es una forma de expresión antes que una actitud repudiable, en una película dramática por los duelos inconclusos sobre lo ausente, sea una pareja, una forma de existir o algo material que quedó atrás.
Originalidad
Un perro (mascota de Hig) se transforma en uno de los anclajes más importantes del protagonista, aunque remita a la película “Soy leyenda”. Y en numerosas escenas se pueden hacer referencias a otros filmes o series (como “The last of us”, por ejemplo”), lo que acorrala en parte la pretensión de originalidad de Scott, incluyendo a posibles citas de sus propias producciones anteriores, tanto de extraterrestres como de hombres para los cuales la muerte significa poco.
Lo cierto es que los hechos contados transcurren en 2035; falta pocos años para saber si el director es un iluminado futurista o un indiscutible referente del cine contemporáneo que a sus 88 años sigue demostrando que puede saltar de un estilo al otro con suficiencia.